viernes, 12 de agosto de 2011
Ya era lunes. Jason estaba nervioso, por lo que pasó con Andrea y porque tenía que hablarle normal a Carolina, después de haberle hablando tan lindo. Cuando llegó al colegio, se sentía más nervioso. Pero ya había tomado una decisión, no iba a pensar en más nada sino en recuperar a Andrea. La mañana estaba normal, común y corriente, como cualquier día. Hasta que Jason se encontró con Daniel. ¿Por qué no lo había pensando antes? Era obvio que su antiguo amigo estaría molesto con él. Se quedaron viéndose. Jason se estaba molestando también. ¿Qué le pasaba a Daniel? Si él quería decirle algo, que se lo dijera de una vez y listo. "¿Qué quieres?", dijo Jason. "Sólo quiero que me expliques ése mensaje que le mandaste a Andrea", respondió. "Fue simplemente la verdad, ¿por qué? ¿te duele? ¿tenías miedo de que te robara a tu novia? Bueno, ya no hace falta, terminaste con ella", dijo Jason. Daniel se estaba poniendo aún más furioso. Se le acercó más. Jason sabía que él quería pelear. "Dime una razón, para que no te golpeé", dijo. Listo, ya estaban a punto de pelear físicamente. "No te daré ninguna", le dijo. Al momento de haberle respondido, levantó su puño derecho, y golpeó a Daniel con toda la fuerza que pudo. No lo podía evitar, la cólera que sentía hacia él era tan grande que tener la oportunidad de golpearlo era estupenda, aunque él no era de pelear, siempre decía que uno de los peores errores del ser humano era discutir con otra persona. . Pero no podía, no podía evitar darle un golpe. Al diablo con que fueron amigos. Ahí estaban, peleando. Casi literalmente estaba todo el colegio, viendo lo que estaba pasando. Ni los profesores sabían cómo parar ése enfrentamiento sin salir heridos. Pero no pudieron seguir viendo, la pelea se había vuelto más fuerte. Jason, con toda la fuerza que pudo, le dió un golpe en la boca, pero hubo un problema. No pudo seguir. Le había sacado cuatro dientes. Se sentía extraño. Daniel, el que había sido su mejor amigo, su mayor fuente de confianza, estaba ahí, llorando, sangrando, tocandose los labios. Se quedó inmovil, sintiendo las manos de alguien en sus brazos, tratando de levantarlo; y viendo a Andrea, que estaba ayudando a Daniel con la hemorragia. Jason no había quedado con daños físicos, sólo sentía dolor. Volteó la cabeza. Era Carolina. Todo había salido totalmente mal. El día que iba a empezar a tratar de recuperar a Andrea y dejar de hablarle lindo a Carolina, terminó al reves: había perdido más a su amor, y tenía más cerca a Carolina. Si tan sólo hubiera pensando antes de haber actuado. Pero ya no podía hacer nada. Todo estaba hecho. Ella lo sentó en un banco, y le pidió que le contara todo. Pero él estaba sumergido en sus pensamientos, la escuchó pero no le paró. Entonces, se paró y salió corriendo a donde había peleado con Daniel. Ahí estaban todavía, pero sentados contra la pared, ayudando a Daniel a sentirse mejor. “Andrea, disculpa por todo ésto. Jamás te quice engañar, jamás. Fue un error. Fui un estúpido, y aunque no me la quieras dar, te vuelvo a pedir que me des una segunda oportunidad. No sé qué más hacer, he llorado por ti en la soledad. Andrea por favor, ¡perdoname!
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