No sabía muchas cosas sobre la vida de Andrea y la de Carolina. Sólo que ésta última se mudó para España, y que su antiguo amor se casó con su amigo Daniel. Si, eran muy jóvenes para casarse, pero si éso querían, nadie se los iba a impedir. Y por otro lado, en la vida de Jason, todo era perfecto. Cuando Elena y él entraron en la universidad, estudiaron lo mismo. Es que, curiosamente, fue lo primero que hablaron el día que se conocieron. Fue genial para él escuchar que a otra persona le gustara lo mismo, y decidieron presentar el examen en la mejor universidad del país. Dieron con todo, estudiaron hasta la última palabra de toda su información, y gracias a Dios, quedaron en lo que querían estudiar. Y después de unos años, se graduaron. Si, ya había pasado un largo tiempo desde el día que se conocieron.
Seis años después.
Cada uno consiguió su trabajo. Tenían una excelente y exitosa vida. Vivían en Nueva York, cerca del Parque Central. Se amaban mucho, de hecho, no sabían cuánto porque decían que era demasiado, infinito. Estaban más que felices, porque en tres meses meses se casaban. Lo sé, pareciera que estuviera contando una historia de que fueron felices para siempre y que sus vidas eran literalmente perfectas. Pero no, también tenían de vez en cuando discusiones, aunque después de haber tenido una, se decían que no volverían a hablar del tema, y así evitar otra discusión.
Era miércoles. Jason estaba saliendo del estacionamiento de la empresa donde trabajaba. Eran las 5:39 p.m. Y lo llamaron. Era Elena. "Hola mi amor, ¿qué pasó?", dice. "Andrea sufrió un accidente. Está en la clínica de Caracas. Me llamó Daniel para decírmelo. Se que ustedes dos tuvieron algo en el pasado, pero a mi no me importaría que fueras a verla. Dicen que es grave. Yo no podré ir. Mañana tengo una reunión muy importante. ¿Quieres que te compré por Internet el pasaje para el próximo vuelo a Caracas, Venezuela?, le respondió. "Si claro mi amor, gracias, nos vemos en un rato, hay mucho tráfico", dijo. "Okay mi vida, adiós". Y ella colgó. ¡No por Dios! Andrea sufrió un accidente. Él ya no sentía ni la más mínima atracción hacia ella, pero aún así, fue parte de su vida, de sus recuerdos. Él no se olvida de lo que le dijo a gritos frente de todos los alumnos del colegio donde estudió, después de la pelea con Daniel: "Aquí estaré." Bueno, tal vez en el pasado las dos palabras tenían un significado algo diferente, eran sobre sus sentimientos en aquel entonces, pero igual significaba algo casi igual. No de amor, sino de que estará para ella en cualquier momento. No eran amigos, ni tenían comunicación, pero igual tenía que ir a ver a la protagonista de sus sentimientos en la adolescencia, su más grande recuerdo hasta ahora.
Llegó a su apartamento. Ya Elena había comprado su pasaje y tenía tres horas para arreglarse, ir al aeropuerto y montarse en el avión de su vuelo. Preparó rápido pero ordenadamente su maleta, y se fueron. Cuando llegaron, le quedaba dos horas y quince minutos. Todo iba bien. Fueron a buscar el pasaje y después, se despidieron. "Jason, no pienses que desconfío en ti porque irás a ver a Andrea, al contrario. Te amo y te amaré por siempre. Hasta luego", le dijo. Se abrazaron. "Gracias mi amor, te amo mucho más. Gracias por hacerme más feliz cada día, y por apoyarme en las buenas y en las malas", le respondió. "No tienes porqué pedirme las gracias. Bueno mi amor, apúrate o perderás el vuelo, y ahí si que te mataré". Los dos rieron. Se despidieron y Jason siguió solo.
Después de un largo vuelo de muchas horas, llegó a Venezuela. Hizo todo lo que se hace al llegar de un vuelo, y después de todo el fastidioso proceso, buscó un taxi que lo llevara hasta la clínica. No había problemas con el dinero, ya que al mudarse a Estados Unidos se llevó bolívares, y los tenía consigo en ése momento. Listo, ya estaba en el taxi. En en camino, se estaba sintiendo nervioso. "¿Y si le ha pasado algo muy grave a Andrea? Ojalá que no, Dios mío", pensaba. Cuando llegó, le pasó al taxista y entró. Preguntó a la recepcionista y ella le dijo donde estaba Andrea. Cuando llegó a "Emergencias" y vio a Andrea, le dio un vuelvo el corazón. Estaba ahí, detrás de la ventanilla de la puerta, inconsciente, con vendas, cortadas, con máquinas de oxigeno. Aunque ya no sentía amor hacia ella, no pudo evitar que un par de lágrimas salieran de sus ojos. Escuchó una voz a su lado. Era Daniel que lo estaba saludando. Se dieron un abrazo de compasión. Era como desahogarse después de aguantar tanto. Daniel y él estaban llorando. Ver a Andrea así era horrible. Después de tranquilizarse un poco, se sentaron en un banco y su amigo le empezó a contar todo. Después de un largo rato, pasó algo extraño. Sonaba como una alarma. Apareció un grupo de más o menos siete personas, y entraron donde se encontraba Andrea. Los dos fueron hacia allá, pero no los dejaron pasar. Algo estaba pasando, éso lo tenían seguro. Pasaron unos minutos y salieron, llevando la camilla donde se encontraba el cuerpo de ella. No, no estaba muerta, pero si cerca de respirar por última vez. Su vida colgaba de un hilo. Jason y Daniel salieron corriendo detrás de ellos, pero otra vez los pararon, y siguieron ellos con su camino. Los dos estaban estupefactos. Tenían el rostro pálido y estaban temblando. Media hora después, el doctor responsable de Andrea llegó a donde estaban ellos. Él los vio con una expresión que los hizo asustarse. "Ella sigue mal, pero estamos haciendo todo lo posible e imposible para que mejore. No se desesperen, todo saldrá bien, se los prometo", les dijo. Jason no sabía qué pensar.
Al día siguiente, los dos estaban muertos del sueño pero aún así no podían dormir. No fue por estar incómodos en el banco, sino porque el miedo los mantenía despiertos. Fueron a la cafetería y comieron algo. Después, volvieron a donde habían estado toda la noche y el doctor volvió. "Pueden verla a través de la ventanilla de la habitación donde la tenemos, pero no ha mejorado", les dijo. Cuando Jason y Daniel llegaron, se asomaron por la ventana de la puerta. Andrea estaba ahí, todavía inconsciente, luchando por sobrevivir. Tenía al rededor varias personas, ayudándola a mejorar. Jason no podía sentir nada, estaba destruido. Pero se sentía aliviado por estar ahí, dándole fuerzas, acompañando a su amigo en ése momento trágico. Y recordó, recordó de nuevo lo que le había dicho una vez: "Ahí estaré". Y ahí estaba, cerca de ella, como lo había prometido.