sábado, 13 de agosto de 2011

Fue en el verano, dos días después de la graduación. Ya le había confesado toda la verdad a Carolina, y afortunadamente ella lo comprendió y se volvieron amigos. Jason estaba solo, esperando a la chica ideal. Había llegado hacia un centro comercial donde se iba a encontrar con una amiga, y se quedó esperándola hasta que llegara. Cuando llegó, venía acompañada de dos amigas más. Se saludaron, ellas presentó a sus dos acompañantes a Jason y viceversa. Fueron al cine, comieron helado y bueno, pasaron una gran rato juntos. Además, él había vuelto a sentir algo dentro de sí. Esa cosquilla que sientes cuando una persona que te atrae te mira, te toca o te habla, ésa misma. Los ojos, la sonrisa, el cabello, y la voz de Elena le causaba mucho interés a él. Después de ése día, hablaban mucho por teléfono y, como estaban de vacaciones, se veían muchos días sin ningún problema. No fue hasta los dos meses, cuando se volvieron novios. Jason la quería, ella lo quería, eran felices. Él le había contado muchas cosas sobre Andrea y Carolina, todo lo que había pasado y como se sentía después del error que cometió. Elena confiaba en él, y Jason claro, jamás volvería a cometer ésa enorme estupidez.

No sabía muchas cosas sobre la vida de Andrea y la de Carolina. Sólo que ésta última se mudó para España, y que su antiguo amor se casó con su amigo Daniel. Si, eran muy jóvenes para casarse, pero si éso querían, nadie se los iba a impedir. Y por otro lado, en la vida de Jason, todo era perfecto. Cuando Elena y él entraron en la universidad, estudiaron lo mismo. Es que, curiosamente, fue lo primero que hablaron el día que se conocieron. Fue genial para él escuchar que a otra persona le gustara lo mismo, y decidieron presentar el examen en la mejor universidad del país. Dieron con todo, estudiaron hasta la última palabra de toda su información, y gracias a Dios, quedaron en lo que querían estudiar. Y después de unos años, se graduaron. Si, ya había pasado un largo tiempo desde el día que se conocieron.

Seis años después.

Cada uno consiguió su trabajo. Tenían una excelente y exitosa vida. Vivían en Nueva York, cerca del Parque Central. Se amaban mucho, de hecho, no sabían cuánto porque decían que era demasiado, infinito. Estaban más que felices, porque en tres meses meses se casaban. Lo sé, pareciera que estuviera contando una historia de que fueron felices para siempre y que sus vidas eran literalmente perfectas. Pero no, también tenían de vez en cuando discusiones, aunque después de haber tenido una, se decían que no volverían a hablar del tema, y así evitar otra discusión.

Era miércoles. Jason estaba saliendo del estacionamiento de la empresa donde trabajaba. Eran las 5:39 p.m. Y lo llamaron. Era Elena. "Hola mi amor, ¿qué pasó?", dice. "Andrea sufrió un accidente. Está en la clínica de Caracas. Me llamó Daniel para decírmelo. Se que ustedes dos tuvieron algo en el pasado, pero a mi no me importaría que fueras a verla. Dicen que es grave. Yo no podré ir. Mañana tengo una reunión muy importante. ¿Quieres que te compré por Internet el pasaje para el próximo vuelo a Caracas, Venezuela?, le respondió. "Si claro mi amor, gracias, nos vemos en un rato, hay mucho tráfico", dijo. "Okay mi vida, adiós". Y ella colgó. ¡No por Dios! Andrea sufrió un accidente. Él ya no sentía ni la más mínima atracción hacia ella, pero aún así, fue parte de su vida, de sus recuerdos. Él no se olvida de lo que le dijo a gritos frente de todos los alumnos del colegio donde estudió, después de la pelea con Daniel: "Aquí estaré." Bueno, tal vez en el pasado las dos palabras tenían un significado algo diferente, eran sobre sus sentimientos en aquel entonces, pero igual significaba algo casi igual. No de amor, sino de que estará para ella en cualquier momento. No eran amigos, ni tenían comunicación, pero igual tenía que ir a ver a la protagonista de sus sentimientos en la adolescencia, su más grande recuerdo hasta ahora.

Llegó a su apartamento. Ya Elena había comprado su pasaje y tenía tres horas para arreglarse, ir al aeropuerto y montarse en el avión de su vuelo. Preparó rápido pero ordenadamente su maleta, y se fueron. Cuando llegaron, le quedaba dos horas y quince minutos. Todo iba bien. Fueron a buscar el pasaje y después, se despidieron. "Jason, no pienses que desconfío en ti porque irás a ver a Andrea, al contrario. Te amo y te amaré por siempre. Hasta luego", le dijo. Se abrazaron. "Gracias mi amor, te amo mucho más. Gracias por hacerme más feliz cada día, y por apoyarme en las buenas y en las malas", le respondió. "No tienes porqué pedirme las gracias. Bueno mi amor, apúrate o perderás el vuelo, y ahí si que te mataré". Los dos rieron. Se despidieron y Jason siguió solo.

Después de un largo vuelo de muchas horas, llegó a Venezuela. Hizo todo lo que se hace al llegar de un vuelo, y después de todo el fastidioso proceso, buscó un taxi que lo llevara hasta la clínica. No había problemas con el dinero, ya que al mudarse a Estados Unidos se llevó bolívares, y los tenía consigo en ése momento. Listo, ya estaba en el taxi. En en camino, se estaba sintiendo nervioso. "¿Y si le ha pasado algo muy grave a Andrea? Ojalá que no, Dios mío", pensaba. Cuando llegó, le pasó al taxista y entró. Preguntó a la recepcionista y ella le dijo donde estaba Andrea. Cuando llegó a "Emergencias" y vio a Andrea, le dio un vuelvo el corazón. Estaba ahí, detrás de la ventanilla de la puerta, inconsciente, con vendas, cortadas, con máquinas de oxigeno. Aunque ya no sentía amor hacia ella, no pudo evitar que un par de lágrimas salieran de sus ojos. Escuchó una voz a su lado. Era Daniel que lo estaba saludando. Se dieron un abrazo de compasión. Era como desahogarse después de aguantar tanto. Daniel y él estaban llorando. Ver a Andrea así era horrible. Después de tranquilizarse un poco, se sentaron en un banco y su amigo le empezó a contar todo. Después de un largo rato, pasó algo extraño. Sonaba como una alarma. Apareció un grupo de más o menos siete personas, y entraron donde se encontraba Andrea. Los dos fueron hacia allá, pero no los dejaron pasar. Algo estaba pasando, éso lo tenían seguro. Pasaron unos minutos y salieron, llevando la camilla donde se encontraba el cuerpo de ella. No, no estaba muerta, pero si cerca de respirar por última vez. Su vida colgaba de un hilo. Jason y Daniel salieron corriendo detrás de ellos, pero otra vez los pararon, y siguieron ellos con su camino. Los dos estaban estupefactos. Tenían el rostro pálido y estaban temblando. Media hora después, el doctor responsable de Andrea llegó a donde estaban ellos. Él los vio con una expresión que los hizo asustarse. "Ella sigue mal, pero estamos haciendo todo lo posible e imposible para que mejore. No se desesperen, todo saldrá bien, se los prometo", les dijo. Jason no sabía qué pensar.

Al día siguiente, los dos estaban muertos del sueño pero aún así no podían dormir. No fue por estar incómodos en el banco, sino porque el miedo los mantenía despiertos. Fueron a la cafetería y comieron algo. Después, volvieron a donde habían estado toda la noche y el doctor volvió. "Pueden verla a través de la ventanilla de la habitación donde la tenemos, pero no ha mejorado", les dijo. Cuando Jason y Daniel llegaron, se asomaron por la ventana de la puerta. Andrea estaba ahí, todavía inconsciente, luchando por sobrevivir. Tenía al rededor varias personas, ayudándola a mejorar. Jason no podía sentir nada, estaba destruido. Pero se sentía aliviado por estar ahí, dándole fuerzas, acompañando a su amigo en ése momento trágico. Y recordó, recordó de nuevo lo que le había dicho una vez: "Ahí estaré". Y ahí estaba, cerca de ella, como lo había prometido.

viernes, 12 de agosto de 2011

Ya era lunes. Jason estaba nervioso, por lo que pasó con Andrea y porque tenía que hablarle normal a Carolina, después de haberle hablando tan lindo. Cuando llegó al colegio, se sentía más nervioso. Pero ya había tomado una decisión, no iba a pensar en más nada sino en recuperar a Andrea. La mañana estaba normal, común y corriente, como cualquier día. Hasta que Jason se encontró con Daniel. ¿Por qué no lo había pensando antes? Era obvio que su antiguo amigo estaría molesto con él. Se quedaron viéndose. Jason se estaba molestando también. ¿Qué le pasaba a Daniel? Si él quería decirle algo, que se lo dijera de una vez y listo. "¿Qué quieres?", dijo Jason. "Sólo quiero que me expliques ése mensaje que le mandaste a Andrea", respondió. "Fue simplemente la verdad, ¿por qué? ¿te duele? ¿tenías miedo de que te robara a tu novia? Bueno, ya no hace falta, terminaste con ella", dijo Jason. Daniel se estaba poniendo aún más furioso. Se le acercó más. Jason sabía que él quería pelear. "Dime una razón, para que no te golpeé", dijo. Listo, ya estaban a punto de pelear físicamente. "No te daré ninguna", le dijo. Al momento de haberle respondido, levantó su puño derecho, y golpeó a Daniel con toda la fuerza que pudo. No lo podía evitar, la cólera que sentía hacia él era tan grande que tener la oportunidad de golpearlo era estupenda, aunque él no era de pelear, siempre decía que uno de los peores errores del ser humano era discutir con otra persona. . Pero no podía, no podía evitar darle un golpe. Al diablo con que fueron amigos. Ahí estaban, peleando. Casi literalmente estaba todo el colegio, viendo lo que estaba pasando. Ni los profesores sabían cómo parar ése enfrentamiento sin salir heridos. Pero no pudieron seguir viendo, la pelea se había vuelto más fuerte. Jason, con toda la fuerza que pudo, le dió un golpe en la boca, pero hubo un problema. No pudo seguir. Le había sacado cuatro dientes. Se sentía extraño. Daniel, el que había sido su mejor amigo, su mayor fuente de confianza, estaba ahí, llorando, sangrando, tocandose los labios. Se quedó inmovil, sintiendo las manos de alguien en sus brazos, tratando de levantarlo; y viendo a Andrea, que estaba ayudando a Daniel con la hemorragia. Jason no había quedado con daños físicos, sólo sentía dolor. Volteó la cabeza. Era Carolina. Todo había salido totalmente mal. El día que iba a empezar a tratar de recuperar a Andrea y dejar de hablarle lindo a Carolina, terminó al reves: había perdido más a su amor, y tenía más cerca a Carolina. Si tan sólo hubiera pensando antes de haber actuado. Pero ya no podía hacer nada. Todo estaba hecho. Ella lo sentó en un banco, y le pidió que le contara todo. Pero él estaba sumergido en sus pensamientos, la escuchó pero no le paró. Entonces, se paró y salió corriendo a donde había peleado con Daniel. Ahí estaban todavía, pero sentados contra la pared, ayudando a Daniel a sentirse mejor. “Andrea, disculpa por todo ésto. Jamás te quice engañar, jamás. Fue un error. Fui un estúpido, y aunque no me la quieras dar, te vuelvo a pedir que me des una segunda oportunidad. No sé qué más hacer, he llorado por ti en la soledad. Andrea por favor, ¡perdoname!

miércoles, 10 de agosto de 2011

Mientras pasaban los días, Jason se sentía cada vez más solo. Era como si poco a poco estuviera confirmándose que Andrea ya no era su novia. Tan mal se estaba sintiendo, que asimilaba su estado de ánimo con el clima. Un martes, él se despertó a las 6:00 a.m. para ir al colegio, pero el cielo era de un color gris oscuro, listo para llover. Entonces, todo ése día se sintió mal, deprimido y solo. En cambio, el lunes de la semana siguiente, el cielo estaba brillando con un sol fuerte y un cielo de un azul intenso. Se sentía bien, feliz, como si hubiera dejado el pasado en el pasado. Pero ningún estado anímico era permanente, pues el clima cambiaba constantemente. Jason no entendía, era la primera vez que pasaba por algo así.

Por otro lado, Andrea no andaba con tanto drama. Todos los días eran normales para ella. Cantaba, reía, estudiaba, salía, jugaba, hacía cosas que cualquier adolescente hace. Pero dentro de ella, había algo que no le gustaba. No podía negar que extrañaba mucho a Jason. Daría cualquier cosa por volver a escuchar un te amo de él, aunque no sabría si lo diría de verdad, por lo que hizo.

Llevaban casi dos meses sin hablarse, sólo se veían cuando se cruzaban entre clases o en los recreos. Nada había cambiado en la vida de cada uno, hasta aquel viernes, aquel viernes de Abril, cuando Jason vio a Andrea besándose con uno de sus amigos, Daniel. Sintió cómo el alma se salía de su cuerpo y su corazón se disolvió en cenizas. Dan, su amigo, su más grande amigo, a él que le tenía más confianza que a ninguno, besando a la chica que más a amado. No sabía si ir corriendo y separarlos o irse y aceptar que Andrea y él no volverán a estar juntos y que cada uno tiene que tomar su camino por separado. Pero algo pasó antes de decidirse. No sabía porqué lo estaba haciendo o cómo lo hacía, pero parecía que su cólera controlaba sus piernas y se dirigían hacia ellos. Daniel y ella no lo vieron, estaban sumergidos en un apasionado beso. Jason estaba más cerca de ellos, aún más cerca, y se detuvo. ¿Realmente lo iba a hacer? ¿Cómo reaccionarían? ¿Qué diría Andrea? Dejaron de besarse y se dieron un abrazo. Andrea tenía la cara sobre el hombro de Daniel, con los ojos cerrados, frente a Jason. ¿Y si abre los ojos y lo ve? ¿Qué pensará? El miedo lo congeló. Abrirá los ojos y lo verá, parado frente a ella. Se decidió. Era mejor irse antes de que pasara algo. Ella estaba con otro chico, ya lo había olvidado, y no quería hacerle saber que él no la ha dejado de amar. Caminó hacia un lado, y siguió su camino pensando en lo que acababa de ver. Su alma estaba destrozada. Ahora, el clima no tenía nada que ver con lo que sentía. El cielo estaba hermoso, pero su interior estaba oscuro y triste. No quería llorar frente a varios estudiantes. Fue hacia el baño más cercano y se metió en uno de los cubículos. Fue como si le hubieran lanzado una flecha por la espalda. El beso entre Andrea y Daniel lo había dejado sin aliento. Estaba llorando, estaba destrozado, su rabia y su tristeza se materializaron en lágrimas. Tenía ganas de golpear todo lo que se le cruzaba por la vista. Listo, ella ya no lo amaba, lo había sacado de su corazón. Estaba dolido, él se había esperanzado, pensaba que volverían pronto. Pensaba que después de tanto tiempo, ella podía haber considerado que él es un ser humano, que cometió un error y que después de todo, se sentía culpable. Pero no, ella no se dará cuenta de su amor. Ya había dejado de llorar, se secó con los puños de su suéter y salió. Se lavó la cara y sacó un pañuelo limpio que tenía en su bolso para secarse. Era doloroso aceptar que ella lo había olvidado, y parecía imposible olvidarse de ella. Lo que sentía era amor verdadero. ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué la había engañado? Ésas preguntas volvieron a aparecer en su mente. Trato de no pensar en éso y salió del baño para reunirse con sus compañeros.

El resto del día estuvo tratando de olvidarse de todo. De lo que había visto y de las preguntas que tanto lo hacían volver loco. Eran las 7:09 p.m., se metió a bañar y se arreglo para acostarse. Estaba cansado. Necesitaba descansar su mente y relajarse. Cuando ya estaba acostado, volvió a sumergirse en el océano de pensamientos. Pasó un rato pensando y tratando de buscarle respuesta a cada pregunta que se hacía. Pero después de unos minutos, no lo podía aguantar más. Se incorporó y hablo para si. "Ya Jason, deja de pensar en Andrea. Ella ya no te ama, acéptalo. Seguro vio algo en Daniel que le gustó y que tu no tienes. Quiero dejar de pensar en ella, me está haciendo sufrir. No la quiero amar más, no la quiero amar más. ¿Me escuchaste? ¡No la quiero amar más! Pero es que me juro, me juro que al final, solo me levantaré como un rascacielos. Poco a poco, con el tiempo, me olvidaré de ella. No se dará cuenta que estoy sangrando aquí. Puede llevarse mi ilusión, romperme todo el corazón como un cristal que se cae al suelo. Pero me juro que al final, solo me voy a levantar como un rascacielos".